sábado, 18 de mayo de 2013

El escritor apestado

Carlos Flores Vargas 





AL LECTOR



Los cuentos son un buen negocio. Se escriben por amor al arte y se publican… por milagro.
Los editores, (esa raza desinteresada), apoyan con sublime generosidad a los cuentistas.
El culto público mexicano compra, lee y comenta con apasionado calor, equilibrada buena fe y conocedora sapiencia los libros de cuentos.
¿Cómo, entonces, se explica una edición artesanal de autor?
Te lo voy a decir: por la pura, simple y pinche demagogia de los escritores que, reacios a aceptar las innegables ventajas del sistema, prefieren empeñar hasta la camisa para publicarse por sí mismos.
Este es uno de esos libros marginales cuyo autor, como Pita Amor, clama: los críticos, los editores, los premios y las ventas, me valen pura chingada.
Y aunque sea de mala educación hablar en primera persona, te lo digo: publico porque soy, soy porque escribo y todo lo demás me viene guango.

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