El escritor apestado
Carlos Flores Vargas
AL
LECTOR
Los
cuentos son un buen negocio. Se escriben por amor al arte y se publican… por
milagro.
Los
editores, (esa raza desinteresada), apoyan con sublime generosidad a los
cuentistas.
El
culto público mexicano compra, lee y comenta con apasionado calor, equilibrada
buena fe y conocedora sapiencia los libros de cuentos.
¿Cómo,
entonces, se explica una edición artesanal de autor?
Te
lo voy a decir: por la pura, simple y pinche demagogia de los escritores que,
reacios a aceptar las innegables ventajas del sistema, prefieren empeñar hasta la
camisa para publicarse por sí mismos.
Este
es uno de esos libros marginales cuyo autor, como Pita Amor, clama: los
críticos, los editores, los premios y las ventas, me valen pura chingada.
Y
aunque sea de mala educación hablar en primera persona, te lo digo: publico
porque soy, soy porque escribo y todo lo demás me viene guango.